Espera

Llueve en el mar

Para Sara Inés
En el cuaderno de olas
una estrella perdida navegando
entre sus dos amares.
Entre los escollos su faro espera.

Aguadulce, noviembre de 2008

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Calumnia

Lirios negros, de la red

La lengua que acusa no tiene voz
aunque repleta está de lirios negros:
aire que se expira sin eco ni caricia en los dientes.

Retamar, 06 de julio de 2011

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Como la piedra

Rocas, foto de Paulina Mondragón

El sauce besa al viento
que sacude con fuerza el polvo triste
que el otoño sembró en las ramas.
La memoria también se vuelve
a mirar hacia el otro lado
a donde el mar se pierde entre los huecos,
y lava las heridas.
No hay error porque todo es yerro,
todo es leve y no pesa porque dura,
perdura
como la piedra rodada en el río.
Los clavos que sostienen el retrato
en la pared su fuerza no han perdido.
¿Tendrá la hoja vigor hasta el verano?
La dulce miel resbala entre los dedos.

Aguadulce, julio de 2011

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Balada del tiempo perdido

Reloj, por Roxana Riaño

La losa de las horas
cayó en la espalda
y sólo encontró aire
y aliento entrecortado.
El vaso que vacío
restó sobre la mesa del café
aquella tarde llena de tu ausencia
es mi testigo.
No hubo palabras
ni falsos juramentos
ni lágrimas ni lámpara encendida
ni besos cómplices tampoco.

Almería, octubre de 2010

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El libro de arena

Llueve en el mar

¿Recuerdas aquella tarde lluviosa?
Gaviotas apostadas en la orilla
escrutando el labio del mar en calma
-cuando los besos se hicieron promesa.
La sombra del destino, ¿lo recuerdas?,
como llega la noche, como daga,
escinde el piso y nos corta las manos.
¿Recuerdas la lluvia de aquella tarde?
El cielo miente escupiendo esperanza,
disfrazando el vacío con tu nombre,
llenando la soledad de guirnaldas,
de azúcar la huella de la partida.
En el libro de arena resta un verso
que solitario suplica la muerte.
Deseo inútil porque ya no vivo.

Aguadulce, noviembre de 2008

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Fiebre

De labios para fuera, Abel Pruñonosa Asensio

Se mancilló de sombra la palabra
y se eclipsó la luz de la esperanza
con el velo aéreo de la duda.
Abriría tu verbo con la hoja
del agudo escalpelo del deseo,
para beber su sangre,
pintar de rojo hirviente mis entrañas,
leer los augurios de mi destino,
que se esculpe en tus labios,
y forjar en tu idioma carne viva.
Pasión que desborda y verso que hiere.

Aguadulce, noviembre de 2008

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